Cuando te gusta ese contraste fuerte entre luces y sombras que se produce cuando el sol está en todo lo alto, si vas caminando bajo unos porches en sombra, es una suerte encontrarte con una mujer que vista un vestido blanco.
Al otro lado, en la orilla donde el Mediterráneo se nombra Al-abiad Al-mutawaset, la humanidad ha quedado definitivamente sepultada bajo las bombas del sionismo. ¿Cómo podremos seguir caminando con esa ignominia sobre nuestras espaldas? —No te olvides de Gaza—
Hace unos días, hablaba con un buen amigo sobre fotografía de calle y fotografía de paisaje. Aunque me declaro ferviente seguidor de las dos disciplinas, me inclino claramente por la fotografía callejera. No solo por lo accesible que resulta (solo tienes que coger tu cámara, salir a la calle y ponerte a hacer fotos), sino porque la ciudad es mi tema. Me siento cómodo en sus calles. Me gusta capturar su pulso, su latido, el ir y venir de sus gentes. La atención y la concentración que requiere la fotografía de calle, te hace ir descubriendo qué te atrae y qué te resulta desagradable e incluso repulsivo. Y todo quieres encerrarlo dentro del encuadre de una imagen. Es fácil deducir de todo esto, que la fotografía de calle ocupa gran parte de mis archivos fotográficos, aunque también hay un hueco para esos paisajes a los que necesito volver de tanto en cuando. —No te olvides de Gaza—
Que bien elegido el motivo y forzado con contraste
ResponderEliminarquise decir.... "y el forzado del contraste" (aquí el contraste tan acusado juega un papel esencial a mi modo de ver)
ResponderEliminarExactamente. La luminosidad que desprendía el blanco del vestido, estaba pidiendo a gritos forzar la exposición para tener un contraste tan fuerte.
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