El síndrome del impostor
¿Hay un momento en el que dejas de hacer fotos y te conviertes en fotógrafo o fotógrafa? Creo que hay una etapa en la que cualquier persona que practique la afición a la fotografía se plantea esta reflexión. Y sí, ese momento existe. No tiene que ver con la técnica, sino con desarrollar una intención fotográfica y una mirada propia, con construir una voz visual, con estar comprometido con el aprendizaje, el conocimiento y la historia del medio. Cuando sucede todo eso, estás en condiciones de dejar de decir "hago fotos" y empezar a afirmar "soy fotógrafo". Y cuando reconoces en ti los síntomas que te permiten afirmar que eres fotógrafo, aunque la fotografía no sea tu profesión, surge la duda de si realmente mereces llamarte fotógrafo, de si no estarás cometiendo una especie de "fraude" si te denominas así. Es el síndrome del impostor. El caso es que llegas a un lugar y como tienes una intención fotográfica, una mirada propia, una voz visual y has aprendido bastantes cosas que van más allá del manejo de tu cámara, tomas tus decisiones y disparas. Días después, ves que el resultado coincide con la imagen que buscabas y asumes tu identidad como fotógrafo o fotógrafa.
—No te olvides de Gaza—
Quizás ese mundo de las sombras que retratas con pasión, no sea más que una manifestación del subconsciente influido por un mundo oscuro y tenebroso... excelente reflexión, personalmente siempre me he considerado fotógrafo amateur, me gusta esa terminología que emplean los franceses y que creo encaja mejor en esta condición de la que hablas y de paso no hiero susceptibilidad profesional ;-)
ResponderEliminarNaturalmente, reconocerse como fotógrafo no implica justificar ningún tipo de intrusismo profesional ni nada por el estilo. Creo que la fotografía amateur y la profesional se mueven en terrenos diferentes, y así debe ser. En cuanto al mundo oscuro... pues qué decirte. Sé, que en algún sitio, en algún lugar, tiene que haber también un mundo luminoso. ¿Pero dónde? ¿Y cuándo?
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