¿Qué hace que una escena cotidiana (alguien que lee la carta en la puerta de un restaurante, por ejemplo) se convierta en algo atractivo para el fotógrafo? ¿Será el color?
Claro, esa combinación de los azules de las sillas y el rojo de la chaqueta y fachada… y luego está esa diagonal sutil que procura la división de los colores. Buena
Al otro lado, en la orilla donde el Mediterráneo se nombra Al-abiad Al-mutawaset, la humanidad ha quedado definitivamente sepultada bajo las bombas del sionismo. ¿Cómo podremos seguir caminando con esa ignominia sobre nuestras espaldas? —No te olvides de Gaza—
Recuerdo que hace años, cuando las noches del frío invierno empezaban a hacerse paseables, un buen amigo decía: "Ya va haciendo buenas noches." Hace ya tiempo que no paseamos las frías noches de invierno, pero me acuerdo con frecuencia de esa frase. Va por ti, amigo. —No te olvides de Gaza. Ni de Cisjordania tampoco—
Algunas veces, en una calle abarrotada de gente, al fotógrafo le llama la atención un pequeño detalle, se centra en una parte y la toma por el todo. Un brazo, por ejemplo, le interesa más que el cuerpo entero. En esos casos, ¿está haciendo una sinécdoque fotográfica? —No te olvides de Gaza—
Será! Es que el rojo, además, no es cualquier color!
ResponderEliminarY tanto. Por eso siempre hay que perseguirlo cuando vas con una cámara en la mano.
ResponderEliminarNo lo dudes, muy chula (Amparo)
ResponderEliminarY el contraste entre dos colores intensos (Amparo)
ResponderEliminarSí, el contraste entre colores primarios es bastante potente
EliminarClaro, esa combinación de los azules de las sillas y el rojo de la chaqueta y fachada… y luego está esa diagonal sutil que procura la división de los colores. Buena
ResponderEliminar¡Gracias!
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