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Piruletas

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En mi infancia, la variedad de chucherías de las que dispongas los niños, no tenía la exuberancia de hoy en día. Uno de los dulces estrella, eran las piruletas. Entrar en aquellas tiendas con olor a caramelo y asomarte al cajón lleno de círculos de colores, prometía momentos llenos de felicidad. No sé por qué, pero hay veces que miro al cielo y veo una lluvia de piruletas.  —No te olvides de Gaza. Ni de Cisjordania tampoco—

On the beach 2. Jugar

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 De las veces que iba a la playa siendo niño, guardo en mi memoria profunda, esa que aparece muy de tarde en tarde, una asociación de la playa con el juego. Ahora que ya estoy lejos de la niñez, esa asociación se desliza hacia lo contemplativo. No sé si fue por esa visión de la orilla del mar como espacio de juego o por alguna que otra imagen que ronda por mi archivo visual, el caso es que me paré a disparar mi cámara varias veces. De la serie, elijo esta foto. —No te olvides de Gaza. Ni de Ci sjordania tampoco—

¿Jugamos?

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CONCIENCIA (PROPIA).— Oigo que escuchas el Graceland , de Paul Simon. FOTÓGRAFO.— En efecto. CONCIENCIA (PROPIA).— ¿Te parece una música juguetona? FOTÓGRAFO.— Me parece un muy buen disco. ¿Por qué preguntas eso? CONCIENCIA (PROPIA).— Como sé que esta foto va sobre el juego... FOTÓGRAFO.— ¡Vaya! ¡Veo que tengo pocos secretos para ti! CONCIENCIA (PROPIA).— (Sonrisa pícara) Ni te lo imaginas. FOTÓGRAFO.— Estaba pensando lo importante que es el juego en nuestra infancia. Aprendemos y nos relacionamos a través de él. Luego, vamos perdiendo esa capacidad a medida que caminanos hacia la adultez y lo recuperamos, en parte, cuando nos vamos haciendo viejos. CONCIENCIA (PROPIA).— ¿Y te preguntas por qué? Quizás la vejez nos hace el regalo de recuperar el juego, porque nos quita de encima el peso de tener que demostrarle algo al mundo. No es un ciclo biológico, es cultural y emocional. FOTÓGRAFO.— Más que preguntarme sobre el porqué, intento imaginar cuán diferentes seríamos si no perdiésemos n...

Conexiones

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 Dice Joel Meyerowitz, que expresarse a través de la fotografía es una forma de mirar el mundo y ver las piezas que te conectan con él. Dice, que la fotografía va de responder a las cosas que llaman tu atención y establecer una conexión con ellas. Pongamos que es diciembre y que piensas que un mercado navideño te puede ofrecer algún motivo fotográfico interesante. Vas paseando y observas algo que llama tu atención. Sí, parece que hay conexión. Disparas. Algunos días después, revisas las fotos en casa y aparece el motivo de la conexión: la niñez y sus inmediaciones. Miras ese montón de "rosquillas" coloradas y dices: ¡Ojalá hubiese tenido un montón de deslizadores hinchables en mi infancia! ¡Aunque no hubiesen sido rojos!

Estampas 1. Conexiones inexplicables

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  Desconozco por completo la razón, pero a veces nuestra mente crea asociaciones del todo inexplicables. Así, un día estás viendo un video en alguno de los canales de fotografía que sigues, y sin saber por qué, recuerdas aquellas excursiones de la infancia a la Granja de San Ildefonso, con los vecinos y vecinas del barrio, y aquellos tenderetes de “souvenirs” que te esperaban al bajar del autobús, en los que se mezclaban botijos o garrotes “Recuerdo de La Granja”, con estampas fotográficas que reproducían en blanco y negro, imágenes de la Colegiata o el Palacio Real. O aquellos puestos que te ibas encontrando, mientras correteabas con los primos por las empinadas calles de Toledo, en los que convivían espadas y platos de damasquinado, con estampas monocromo de la Catedral, la Puerta de Bisagra o San Juan de los Reyes. ¿Cómo llegas desde un video sobre teoría fotográfica hasta un puñado de recuerdos de la infancia? No lo sé. Lo que sí tengo más o menos claro, es que en mi archivo f...