¿Jugamos?



CONCIENCIA (PROPIA).— Oigo que escuchas el Graceland, de Paul Simon.

FOTÓGRAFO.— En efecto.

CONCIENCIA (PROPIA).— ¿Te parece una música juguetona?

FOTÓGRAFO.— Me parece un muy buen disco. ¿Por qué preguntas eso?

CONCIENCIA (PROPIA).— Como sé que esta foto va sobre el juego...

FOTÓGRAFO.— ¡Vaya! ¡Veo que tengo pocos secretos para ti!

CONCIENCIA (PROPIA).— (Sonrisa pícara) Ni te lo imaginas.

FOTÓGRAFO.— Estaba pensando lo importante que es el juego en nuestra infancia. Aprendemos y nos relacionamos a través de él. Luego, vamos perdiendo esa capacidad a medida que caminanos hacia la adultez y lo recuperamos, en parte, cuando nos vamos haciendo viejos.

CONCIENCIA (PROPIA).— ¿Y te preguntas por qué? Quizás la vejez nos hace el regalo de recuperar el juego, porque nos quita de encima el peso de tener que demostrarle algo al mundo. No es un ciclo biológico, es cultural y emocional.

FOTÓGRAFO.— Más que preguntarme sobre el porqué, intento imaginar cuán diferentes seríamos si no perdiésemos nunca la capacidad de jugar.

CONCIENCIA (PROPIA).— Probablemente seríamos unas personas más espontáneas, más creativas, más colaboradoras, menos competitivas, menos individualistas, menos permeables al control de la utilidad y lo productivo... (Reflexiona un instante) ¿Jugamos a algo?

FOTÓGRAFO.— ¡Venga!

—No te olvides de Gaza. Ni de Cisjordania tampoco—


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