¿La fotografía ha muerto?
CONCIENCIA (PROPIA).— Te andaba buscando.
FOTÓGRAFO.— Pues no suelo estar muy lejos de ti. ¿Qué quieres ahora?
CONCIENCIA (PROPIA).— ¿Conoces a Paolo Gasparini?
FOTÓGRAFO.— Sí. Es un fotógrafo venezolano.
CONCIENCIA (PROPIA).— Dice en su último libro que la fotografía ha muerto. ¿Qué te parece?
FOTÓGRAFO.— Bueno, es una afirmación matizable.
CONCIENCIA (PROPIA).— Pues matiza, matiza.
FOTÓGRAFO.— Sostiene que la fotografía ha perdido su esencia de denuncia social crítica, para convertirse en un consumo visual masivo carente de reflexión.
CONCIENCIA (PROPIA).— O sea, que ha sido degradada a un mero divertimento de la sociedad del espectáculo.
FOTÓGRAFO.-— Eso dice. Y sin dejar de tener parte de razón, no deja de ser una visión parcial.
CONCIENCIA (PROPIA).— (Aparte. Le habla al espectador) Aquí es cuando matiza.
FOTÓGRAFO — Es cierto que en los últimos años, se ha producido una transformación profunda en el mundo de la imagen. El smartphone y las redes sociales han salvado a la fotografía del elitismo, pero la han atrapado en la cultura de lo insignificante. Hay hoy una cierta banalización de las imágenes, pero la fotografía siempre ha tenido un lado lúdico, de divertimento. Ha tenido también una búsqueda de lo artístico, más allá de su papel como herramienta de denuncia social. Pero es que creo que no ha perdido esa esencia. Pienso, por ejemplo, en los fotógrafos y las fotógrafas que en Gaza arriesgan (y pierden) su vidas, para denunciar y documentar el genocidio.
CONCIENCIA (PROPIA).— Bien traído.
FOTÓGRAFO.— Al margen de todo eso, mientras haya un ojo que vea algo interesante en las cosas más simples y cotidianas, e intente convertierlo en una imagen, la fotografía no estará muerta.
CONCIENCIA (PROPIA).— Pues estoy de acuerdo contigo.
—No te olvides de Gaza. Ni de Cisjordania tampoco—

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