Cuando apretamos el disparador de nuestra cámara, ¿estamos haciendo un retrato de la realidad o estamos construyendo otra cosa que no es exactamente esa realidad? Lo que decidimos incluir o dejar fuera del encuadre, la óptica que elegimos, el lugar desde el que disparamos, el peso que damos a las luces o a las sombras en la exposición, el tratamiento que damos al color... Cada una de esas elecciones, altera la realidad que vemos y crea otra que no es exactamente la misma: la realidad fotográfica. Solo en esta realidad de dos dimensiones, podemos encerrar a alguien dentro de un espejo.