En la calle la vida transcurre con rapidez. En ese discurrir de la vida, buscas gestos, momentos, escenas, instantes... cuando crees que has encontrado uno, aprietas el obturador, y en una fracción de segundo capturas una imagen. Ese ritmo, esa rapidez, te hace estar atento, te obliga a detenerte y observar. Te paras, contemplas la vida delante de ti y entonces, algo parecido al instinto, te hace disparar. Sí, en medio del bullicio de la ciudad, la fotografía te enseña a tener momentos de pausa.