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El porqué de las cosas

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 Nunca me he preguntado por qué hago fotos. No sé, supongo que para mí es algo tan natural llevar la cámara en la mano y tomar una fotografía, que no me planteo por qué lo hago. Por cierto, ¿qué respondería si alguien me lo preguntase? Simplemente, le diría que hago fotos porque me gusta. Sí, me gusta el hecho de hacer la foto. Observar, fijarme en la luz, en las formas, en las texturas... Buscar un encuadre, un punto de vista, esperar algo que tal vez suceda... Y disparar. Llegados a este punto, me planteo cuántas veces nos preguntamos el porqué de las cosas. Vistos muchos de los acontecimientos que nos rodean, creo que nos lo preguntamos muy poco, porque si supiésemos el porqué de tantas cosas, posiblemente no permitiríamos que pasasen. —No te olvides Gaza. Ni de Cisjordania tampoco—

Nocturnidades

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 Me siento especialmente cómodo fotografiando por la noche. No me importa renunciar a los detalles que te ofrece la luz del día, si a cambio encuentro formas, contrastes, reflejos, atmósfera y unos colores que son capaces de teñir la escena. Me gusta fotografiar con nocturnidad y alevosía. 

Adelantada a su tiempo

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 Generalmente, busco la presencia humana en mis fotos. Creo que lo que da sentido a salir a la calle con una cámara en la mano, es conseguir algunas pequeñas imágenes de cómo se desenvuelven los hombres y mujeres en su medio. Pero a veces veo unas formas, unos colores... Llaman mi atención y disparo. No sé, tal vez me atrae la idea de que esas banquetas, en no mucho tiempo, estarán ocupadas por esa gente que en ese momento no aparece en la foto. ¿Acaso será una imagen adelantada a su tiempo?

La fotografía es un lugar

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 La fotografía es un lugar en el que se hace presente y permanece cualquier tiempo, cualquier lugar, cualquier momento, cualquier situación... Atrapa un pedazo del pasado, que cuando lo miramos, siempre es ahora.

El hombre del paraguas

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La fotografía es, al mismo tiempo, una acción casual y meditada. Vas caminado por la calle y el azar te coloca ante un escenario interesante. Por ejemplo por su color. O porque su arquitectura ofrezca unas líneas y una perspectiva que permitan cierto juego visual. Puede que la casualidad también haga que en ese momento esté lloviendo. Entonces llega la primera de las decisiones: el encuadre, qué parte de ese escenario entrará dentro de la imagen. Esa decisión implica establecer una relación determinada entre las líneas y las formas y los propios márgenes de la fotografía. Establecerá una jerarquía, dibujará una geometría , propiciará una serie de conexiones visuales y determinará un contenido. A esa primera decisión, le seguirán otras que afectan a la luz, a la apertura del diafragma, a la velocidad de obturación... ¿Y si por casualidad pasase alguien en un tiempo razonable? Por ejemplo, alguien que quedase enmarcado por las líneas que dibujan la puerta de entrada, alguien que llevase ...