Contraluces 3. Ícaro

 


No me parecía justo que el protagonista de mis fotos a contraluz permaneciera oculto. Dicho y hecho. Busqué en mis archivos esta foto que recordaba perfectamente. Volvía a casa del trabajo un día cualquiera de diciembre. Un sol potente frente a mí y dentro de mí, la decisión inquebrantable de disparar contra él. Preparé mi cámara, encuadré y esperé unos instantes. Mientras esperaba decidí dar uno, dos, tres pequeños pasos hacia mi derecha. Entonces apareció él: el astro rey. Casi, casi, en la línea media del encuadre. "Ahora sí". Me dije. Y disparé. Continué el camino a casa tan feliz. Pero no por la foto, sino porque me dio por pensar que, menos mal que no tengo unas alas de cera como Ícaro. Si no, igual no hubiese podido terminar el camino.

—No te olvides de Gaza. Ni de Cisjordania tampoco—

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