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La ciudad y tú

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 Llegas por primera vez a una ciudad. Caminas por sus calles observando a un lado y a otro, empapándote de todo cuanto te rodea, de su ambiente, de su paisaje, de sus gentes, de su luz... De pronto sientes esa llamada. Te detienes, una última mirada, encuadras y disparas. El porqué te detienes precisamente en ese sitio y no en cualquier otro, es algo que queda entre la ciudad y tú.

Diálogo ficticio

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 Diálogo ficticio: OBSERVADOR.— ¿Otra vez sombras? FOTÓGRAFO.— ¡ Me gustan las sombras! —No te olvides de Gaza—

Estampas 2. Momentos de pausa

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 En la calle la vida transcurre con rapidez. En ese discurrir de la vida, buscas gestos, momentos, escenas, instantes... cuando crees que has encontrado uno, aprietas el obturador, y en una fracción de segundo capturas una imagen. Ese ritmo, esa rapidez, te hace estar atento, te obliga a detenerte y observar. Te paras, contemplas la vida delante de ti y entonces, algo parecido al instinto, te hace disparar. Sí, en medio del bullicio de la ciudad, la fotografía te enseña a tener momentos de pausa.

Certidumbres

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  Por lo general, cuando hago fotos no suelo tener un plan preconcebido. Simplemente camino, observo y me dispongo a dejarme sorprender. Sí tengo, sin embargo, algunas certezas. Por ejemplo sé, que si me detengo en una parada de tranvía, se presentarán buenas situaciones fotográficas. En la calle, siempre existen certidumbres a las que puedes agarrarte.

Entre copas

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Cualquier sitio es bueno para cultivar la amistad. La barra de un bar, por ejemplo, en compañía de un buen  amigo, charlando de todo y de nada, disfrutando del tiempo y la conversación, es un escenario apetecible al que quizás acudimos con demasiada poca frecuencia. Puede que a tu lado haya otro par de amigos que saborean un buen vino, una cerveza y una buena conversación. Y que haya un par de cámaras que comparten barra con las copas a medio consumir. Se te ocurre entonces, que tal vez ahí pueda haber una buena imagen. Observas la situación durante un instante, coges tu cámara y disparas.  

Un tópico

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 Es cierto que una imagen de alguien que observa una fotografía en una exposición, no deja de ser un tópico. Pero, es cierto que a veces me gustan los tópicos.

Conversar

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 La orilla del mar es un buen lugar para conversar y para observar cómo se conversa.

Lo cotidiano

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 Me gusta la fotografía de calle, porque no hacen falta muchas cosas para practicarla. No necesitas ir a lugares lejanos y exóticos, no necesitas cargar con un montón de kilos de equipo y cacharros fográficos... Solo necesitas coger tu cámara o tu smartphone, bajar a la calle y observar las oportunidades fotográficas que te ofrece lo cotidiano. Por ejemplo, alguien que ha hecho la compra y coge el tranvía para volver a su casa.

Cráneos

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 De vez en cuando, las calles de la ciudad se adornan con algún elemento sorpresivo. Un día vuelves del trabajo y te los encuentras ahí. Unas decenas de cráneos, que enaltecen la cultura mexicana y una de sus celebraciones más importantes: "El dia de muertos." Una exposición que rompe la cotidianidad de la ciudad y despierta la curiosidad de los viandantes. Se detienen, observan, tocan... Un verdadero festín para el fotógrafo.

Juegos de calle: el paso del tranvía

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  La ida y la vuelta del trabajo, son dos buenos momentos para hacer fotografías. Aunque a veces introduzco pequeñas variaciones, lo habitual es que me desplace siguiendo el mismo recorrido. Recorrer siempre los mismos escenarios, te fuerza a pensar en diferentes situaciones que hagan que las imágenes no sean simples repeticiones. Es relativamente sencillo, puesto que la calle está en constante cambio y en movimiento permanente. El proceso es muy sencillo. Paso por un lugar determinado y me pregunto ¿A qué puedo jugar aquí? Observo mi entorno, veo las vías en el suelo y encuentro enseguida la respuesta: hoy voy a jugar a captar el movimiento del tranvía mientras pasa delante de mí. Disparo y ahí están. Dos mundos compartiendo una misma imagen. El mundo del movimiento y el mundo de la quietud. Son mis juegos de calle.

Las cuatro estaciones

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  Existen lugares por los que pasamos asiduamente en nuestro ir y venir por la ciudad. Son sitios en los que me detengo y fotografío casi a diario. Me gusta observar las imágenes y ver cómo la ciudad cambia, mientras decido si conservo la instantánea o la descarto. La indumentaria y la actitud de la gente, la luz, el número de personas que se mueven por la calle...  Uno de los elementos que influye de forma más evidente en esos cambios, es el paso del tiempo. La primavera, el verano, el otoño y el invierno se suceden, impregnándolo todo con su matiz particular. A veces es solo cuestión de detalles, pero con frecuencia es en los detalles, donde están las grandes diferencias.

Las puertas del cielo

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 Los edificios religiosos atesoran una gran cantidad de obras de arte. De vez en cuando me gusta visitarlos y detenerme en el patrimonio que conservan. Me gusta fijarme especialmente en la escultura, ir descubriendo la manera en que el artista fue creando el ademán del cuerpo y el gesto del rostro, para dotar a su figura de expresión. Me gusta también observar el espacio, la geometría de sus líneas, el efecto de la luz en sus volúmenes, la disposición de sus elementos, el detalle de sus texturas… Observo y voy descubriendo muchas oportunidades fotográficas. Intento ser respetuoso con las personas que se encuentran en su interior por fe. De pronto me sorprendo imaginando qué podrían sentir, qué podrían pensar, un hombre o una mujer del siglo trece al entrar en una catedral gótica. Un par de disparos y reparo en que hay una gran cantidad de puertas. Enormes puertas de madera labrada, que no sé a dónde conducen. Me pregunto si alguna de esas enormes puertas de doble hoja, serán las pu...

Dejarse sorprender

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Camino por la calle con la mirada atenta. Más que atenta, curiosa. Creo que sin curiosidad no hay fotografías. Me gusta pensar, seguramente por mi pasado teatral, que la mirada del fotógrafo es igual que la del payaso, que observa lo que le rodea dispuesto a dejarse sorprender. Y ahí voy yo, con mi cámara y mi curiosidad, con mis ojos, mis oídos y mi cerebro abiertos a la sorpresa. No es difícil, porque en la calle siempre suceden cosas, solo hay que estar preparado para descubrirlas. El tráfico, los escaparates de las tiendas, el bullicio… De repente, sucede algo que llama la atención de la gente con la que me cruzo. Y no sé por qué, a mí me interesa más su reacción que lo que les ha hecho girar la cabeza. Solo el fotógrafo y sus personajes saben qué ha sucedido. Xiaomi Redmi Note 10 Pro   35mm  f/1.9  1/250  ISO 50  EV -0.7