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La ciudad y tú

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 Llegas por primera vez a una ciudad. Caminas por sus calles observando a un lado y a otro, empapándote de todo cuanto te rodea, de su ambiente, de su paisaje, de sus gentes, de su luz... De pronto sientes esa llamada. Te detienes, una última mirada, encuadras y disparas. El porqué te detienes precisamente en ese sitio y no en cualquier otro, es algo que queda entre la ciudad y tú.

Yo no soy ellos

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 En lo que se refiere a la estética, el desarrollo automovilístico ha perjudicado seriamente a la fotografía. Basta mirar algunas de las fotos de Saul Leiter, Fred Herzog o Ernst Haas en las que aparecen automóviles, para darse cuenta de ello. Ninguno de los tres, convirtieron los coches en el elemento protagonista de sus imágenes, sino que aparecían con sutileza como elementos del paisaje urbano. Un auténtico disfrute perderse por sus fotos. No por los coches, sino por la sutileza. Todo es sutil en sus imágenes. Con coches o sin ellos. Sí, los automóviles actuales no tienen esa estética tan "de foto", que desprendían los de los años cincuenta y sesenta. Y un día, vas caminando por una ciudad cualquiera y te encuentras con un coche "de época" aparcado en la puerta de una catedral, esperando la salida de los novios, y no se te ocurre otra cosa más que agacharte y disparar a través de sus ventanillas. ¡Qué le vamos a hacer! No soy ni Leiter, ni Herzog, ni Haas. Pero m...

De tanto en cuando

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 Hace unos días, hablaba con un buen amigo sobre fotografía de calle y fotografía de paisaje. Aunque me declaro ferviente seguidor de las dos disciplinas, me inclino claramente por la fotografía callejera. No solo por lo accesible que resulta (solo tienes que coger tu cámara, salir a la calle y ponerte a hacer fotos), sino porque la ciudad es mi tema. Me siento cómodo en sus calles. Me gusta capturar su pulso, su latido, el ir y venir de sus gentes. La atención y la concentración que requiere la fotografía de calle, te hace ir descubriendo qué te atrae y qué te resulta desagradable e incluso repulsivo. Y todo quieres encerrarlo dentro del encuadre de una imagen. Es fácil deducir de todo esto, que la fotografía de calle ocupa gran parte de mis archivos fotográficos, aunque también hay un hueco para esos paisajes a los que necesito volver de tanto en cuando. —No te olvides de Gaza—

Morir de éxito

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  En mi ciudad, hay una conocida zona de tapeo frecuentada por locales y foráneos. Cualquier guía turística que se precie, no dejará de recomendar al viajero que la visite. Es habitual ver a un número creciente de personas buscando, smartphone en mano, este o aquel garito, recomendado por tal o cual plataforma. Lo cierto es que hay días y momentos, en los que solo es posible desplazarse si uno se deja arrastrar por la marea humana. Alzas tu vista, ves las calles repletas de gente y te preguntas ¿será esto la despersonalización de la ciudad? ¿Será que, a mayor cantidad de gente, menos personalidad conserva un lugar? ¿Será lo mismo un turista que un viajero? ¿Será que al final terminaremos muriendo de éxito? —No te olvides de Gaza—

Al regresar

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 Me gusta la fotografía nocturna, porque la noche impone otro ritmo. No solo porque la ciudad se mueve de otra forma, sino porque  la materia prima con la que se construyen las imágenes se comporta de manera diferente. Por el día la luz se mueve y en poco tiempo, las luces y las sombras han cambiado casi por completo el escenario. No tienes demasiado tiempo para pensar si ese es el momento de apretar el disparador. Por la noche, salvo la que dan los faros de los coches, la luz no se mueve. Cuando encuentras un punto de luz, por ejemplo una farola, tienes tiempo para pensar, mirar desde un lado y desde el otro, irte y volver más tarde si algo no te cuadra. La farola y su luz segirán ahí. Y al regresar, tal vez te encuentres a una pareja que habla tranquilamente de sus cosas, y te da ese "algo" que la primera vez no habías encontrado.

Cuestión de perspectiva

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 A veces, encontrarse con una imagen, es solo cuestión de perspectiva.

Un rincón en sombra

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 A veces, lo que buscas es, simplemente, un rincón en sombra.

Planos

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 Cuando llego a una ciudad que no conozco, me gusta recorrer sus calles dejándome llevar por mis ojos y mis pies. Sí, confieso que en algún momento, Google Maps me orienta en el buen camino. Atrás quedaron los tiempos de ir con el plano en la mano. Creo que los echo algo de menos. Tal vez sea por eso, que me gusta encontrarme con gente que aún los utiliza. No sé si en algún momento, tendría que recuperarlos.

Un lugar en el mundo

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Cuando uno encuentra un par de sillas donde sentarse a beber un botellín de agua y a comer unas patatas  fritas o unas berenjenas con miel, después de haber recorrido durante horas las calles de una ciudad, seguramente piensa que ha encontrado su lugar en el mundo.

Pura dialéctica

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 El mundo es pura dialéctica. Lo bueno y lo malo. La vida y la muerte. Lo bello y lo veo. La verdad y la mentira. La luz y la sombra... ¿Será por eso que me gustan las fotografías con un contraste tan duro entre luces y sombras? Igual es mi manera de reflejar esa unidad de contrarios que hace que el mundo se mueva.

Algo que permanece

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  En esas viejas calles, heridas por el paso de los años, siempre hay algo que permanece y nos mira desde el pasado. Desde su silencio atronador parece decirnos, que con cada calle que muere, nuestras ciudades y nosotros mismos, nos vamos haciendo un poco más pobres.

Reciprocidad

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 La calle es un universo caótico en el que no siempre es fácil encontrar algo que ordene ese caos. A veces buscas ese argumento ordenador y a veces simplemente surge, por ejemplo, cuando alguien que pasa, siente la misma curiosidad por el fotógrafo que la que el fotógrafo tiene por lo que sucede delante de su cámara. Se produce así una relación de reciprocidad, entre el fotógrafo y la persona fotografiada.

Pessoa

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  Me gustan las ciudades que hacen patente la huella de su cultura. En el color añejo de sus calles centenarias, en sus viejas librerías, sus museos, su música o sus teatros; en los pequeños cafés que invitan a sentarse y conversar, disfrutando de la serenidad con que te acogen sus gentes y su geografía, y que solo puede alimentarse de una profunda sabiduría. Y también, por qué no, en las placas o las estatuas que rinden homenaje a algunos de sus ilustres literatos. Por ejemplo, a Antonio Ribeiro Chiado, Luís de Cam ões o a Fernando Pessoa, siempre esperando que algún turista se siente a su lado para hacerse una foto. A veces, si tienes un poco de suerte y paciencia, puedes encontrar a Pessoa sin nadie a su lado.

Volver

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 Hay ciudades a las que uno llega y enseguida se establece una conexión especial. Serán sus calles, su ritmo, sus gentes, su luz, la forma en que respira... o quién sabe qué será, pero te enamoran y se te meten dentro. Hay ciudades de las que uno se marcha, y apenas se ha ido, ya sabe que volverá.

Con la niebla

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Con la niebla la ciudad tiene otro aspecto. Todo se esconde tras un velo de tul y las calles parecen vestirse de frío. Y hasta esas cosas que se hacen todos los días, parecen extrañas y diferentes. Como pasear a las mascotas por las mañana temprano o tomar una foto camino del trabajo.

Cráneos

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 De vez en cuando, las calles de la ciudad se adornan con algún elemento sorpresivo. Un día vuelves del trabajo y te los encuentras ahí. Unas decenas de cráneos, que enaltecen la cultura mexicana y una de sus celebraciones más importantes: "El dia de muertos." Una exposición que rompe la cotidianidad de la ciudad y despierta la curiosidad de los viandantes. Se detienen, observan, tocan... Un verdadero festín para el fotógrafo.

Es solamente un juego

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 Una de las razones por las que me gusta la fotogafía, es porque me permite jugar a construir imágenes que, aunque partan de la realidad, solo existen en la imagen fotográfica. La ciudad es una especie de caos que ofrece infinitas posibilidades de recoger situaciones que pasan desapercibidas a nuestros ojos. La fotografía ordena ese caos aparente y nos lo muestra de una forma en la que no habíamos reparado. Es solo una cuestión de oportunidad, de captar ese instante preciso en el que algo sucede. Pero a veces el juego no consiste en intentar descubrir ese momento, sino en alterar la escena para que aparezca de una manera  que nuestra mirada no puede percibir. Por ejemplo, un ventanal y alguien que pasa por delante. En esa situación, me gusta jugar a forzar las sombras para crear una realidad que el ojo humano jamás podría ver. Por eso me gusta la fotografía, porque es solamente un juego.

Discrepancia de opiniones

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  El tiempo deja heridas en nuestras ciudades. En sus calles pequeñas y estrechas. El tiempo, o la proliferación de esos grandes centros comerciales que condenan a la desaparición a las pequeñas tiendas que llenan de vida nuestras calles y nuestros barrios. O simplemente porque los tiempos cambian y dejamos de pararnos delante de sus escaparates. Y lo que en su momento fue una hermosa librería especializada en arte, con una pequeña sala de exposiciones y un magnífico servicio de enmarcaciones para láminas y fotografías, hoy solo es el escenario en el que una mascota y su dueña, parecen no ponerse de acuerdo sobre el camino a seguir. Yo, que aún me paro a veces a mirar ese escaparate herido, fui testigo de esa discrepancia de opiniones.

Reflejos 5: Les passants passant

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 La ciudad es espacio público. Y el espacio público es, ante todo, un espacio ciudadano de uso colectivo, libre, heterogéneo, integrador. Con memoria, con sentido, con identidad. Es el lugar en el que los ciudadanos y las ciudadanas se reconocen mutuamente como tales. Muchas veces busco la tranquilidad de sus calles estrechas, pero también me gusta observar el ir y venir, el ajetreo que se desborda en las plazas y en los cruces de sus grandes avenidas. Hombres y mujeres caminando a ritmos diferentes y en todas direcciones. ¿Sería posible agrupar a toda esa gente que se desplaza por distintos lugares y hacia diferentes destinos? Una cámara de fotos, que busca múltiples reflejos en los escaparates, sí puede hacerlo. Un disparo capturando un instante, que durará para siempre. Xiaomi Redmi Note 10 Pro   25mm  f/1.9  1/100  ISO 50  EV -1

Antes de que el tiempo los borre para siempre

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La ciudad nos habla a través de los carteles. Escaparates, marquesinas y paredes, se visten con la última promoción, el lanzamiento de ese aparato de tecnología puntera, o el próximo estreno cinematográfico o teatral. Palabras, colores, fotografías, dibujos… que inundan las calles, convertidos en reclamos publicitarios. La mayoría de esos carteles terminan siendo engullidos por la nueva promoción, el nuevo lanzamiento o el último estreno. Pero hay lugares, pequeñas calles, en las que carteles que ya no anuncian nada permanecen olvidados. Como el payaso Serrucho, que con su cara de ingenuo asombro, parece pedir un poco más de tiempo para poder seguir mirándonos. Pasamos a su lado mientras su rostro va deteriorándose, desdibujándose, apagándose. Igual que esos viejos comercios con los que comparte pared y abandono. Son ecos del pasado esperando ser rescatados antes de que el tiempo los borre para siempre. Samsung Galaxy S6   28mm  f/1.9  1/320  ISO 800  EV -0...